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lunes, 29 de marzo de 2010


Sabéis la sensación de entrar en una tienda, escuchar la música dentro de tus oídos y ese olor a tienda, a ropa nueva y en ocasiones a plástico. Tantos colores juntos. La sensación de tocar las diferentes texturas de ropa, oír el chasquido de las perchas, engancharte unas prendas y meterte en el probador.
¿Por qué las mujeres tardamos tanto cuando vamos de compras?-siempre la misma pregunta- ¿Y vosotros, los hombres qué?
Cuando estamos dentro del probador, empezamos a ponernos las diferentes prendas y en ese momento, todas las complejidades se van, por un momento nos sentimos mejor, guapas. Soñamos con lo que no nos podemos permitir; pero cuando encontramos “ la prenda” ahí es cuando nos vemos bien a unos mimos, y nos miramos varias veces antes de mirar el precio.
Y el momento final, cuando la dependienta te quita las etiquetas, las alarmas, tú le das el dinero, y te hace entrega de la bolsa. En ese momento eres oficialmente la dueña de las bolsas, y te sientes mejor persona por haber invertido el dinero en algo con lo que te encuentras bien, y los demás te mirarán. Porque ¿A quién no le gusta que le miren?